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Claves para entender el “Say on Climate”

Claves para entender el “Say on Climate”

 

La Unión Europea y su reglamento SFDR avanzan con paso firme en materia de riesgos climáticos. Varios otros países fuera de la UE también han convertido el riesgo climático en un riesgo sistémico que (casi) todas las empresas deben abordar.

En 2016, las petroleras ExxonMobil y Chevron rechazaron las resoluciones de los accionistas que les pedían tener más en cuenta el calentamiento global. Un año después, sin embargo, tuvieron que ceder a esta petición y se vieron obligadas a ser más transparentes sobre su estrategia de riesgo climático.

La Unión Europea y su reglamento SFDR avanzan con paso firme en materia de riesgos climáticos. Varios otros países fuera de la UE también han convertido el riesgo climático en un riesgo sistémico que (casi) todas las empresas deben abordar.

Un nuevo punto de inflexión en esta lucha contra la indiferencia hacia el cambio climático es el «Say on Climate», que forma parte de la corriente de responsabilidad en el ámbito de la responsabilidad social en general y del clima en particular. Este plan de acción es la continuación de su predecesor «Say on Remuneration».

«Say on climate» es una resolución en el orden del día de las juntas generales, que puede ser presentada por la propia empresa o por sus accionistas, con el fin de que los accionistas voten cada año sobre la política climática de las empresas cotizadas y garantizar así un diálogo permanente sobre cuestiones medioambientales. La empresa española Ferrovial hizo la primera propuesta. Desde entonces, las propuestas no han dejado de crecer.

Se trata, pues, de un voto consultivo. Es decir, no tiene que aplicarse legalmente. No tiene ningún poder vinculante y no interfiere en la jerarquía y las funciones de los distintos órganos de gobierno de la empresa. En efecto, hay que recordar que el consejo de administración de una empresa se encarga de la estrategia de la misma, mientras que la junta de accionistas tiene la función de controlar dicha estrategia. Las resoluciones presentadas por los accionistas no suelen contar con el apoyo de las empresas ni de los votantes por mandato, con el pretexto de que existe una interferencia en las funciones y de que los accionistas no deben sustituir al consejo. Dado el carácter no vinculante, ¿qué utilidad tiene en este caso?

En primer lugar, la resolución responde a una expectativa de los inversores. Existe una creciente presión de los inversores para acelerar la transición energética. Activistas como «Follow this» piden que se acelere el concepto de «emisiones netas cero» y que se alinee mejor con el Acuerdo de París. Si la resolución presentada por los accionistas no recibe el apoyo de la empresa, ésta puede esperar un voto de sanción en la próxima junta general anual.

Este voto puede adoptar la forma de una negativa a aprobar las cuentas, la no reelección de un director, etc. Varios puntos que figuran tradicionalmente en el orden del día de las asambleas permiten a los accionistas expresar su descontento con la gestión de la empresa votando en contra, y este enfoque se utiliza regularmente. El índice de insatisfacción de los accionistas es una señal cada vez más utilizada por los inversores sostenibles también para comprometerse con las empresas sobre cómo responden a la voz de sus accionistas.

En segundo lugar, la junta general es «el momento privilegiado de comunicación de la empresa con sus accionistas». A pesar del creciente uso del voto electrónico por parte de los inversores institucionales, que se ven obligados a enviar sus instrucciones a los bancos depositarios casi diez días antes de la junta general, para que la empresa tenga conocimiento de ellas antes de la apertura de la junta general, la junta general es, en efecto, un medio de comunicación esencial entre los accionistas y la empresa.

HACIA UNA SISTEMATIZACIÓN, O INCLUSO UNA OBLIGACIÓN

Las resoluciones actuales abundan y muestran también la diversidad de propuestas de las empresas y los accionistas. Pueden referirse a una votación sobre el riesgo climático en las futuras juntas generales, o estar vinculadas a otras exigencias relacionadas con el clima, como la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, etc. El movimiento «Follow this» reclama objetivos de reducción de emisiones a corto, medio y largo plazo y la inclusión de las llamadas emisiones «Scope three», es decir, las emisiones indirectas emitidas por el propio producto y no por su funcionamiento y producción.

Al igual que con su anterior «Say on Remuneration», se recomendaría una votación anual sobre el informe climático y una votación trienal sobre la política climática. La normalización y el carácter sistemático sugieren que el reciente «Say on Climate» seguirá el mismo camino. La reciente orden del tribunal holandés para que la petrolera Royal Dutch Shell acelere y refuerce sus reducciones de emisiones también muestra el cambio de paradigma que se ha producido y la voluntad de avanzar más rápidamente hacia una economía baja en carbono.

Acogemos con satisfacción estas iniciativas relativas a Say on Climate. Demuestran el compromiso de las empresas con la sostenibilidad y el cambio climático cuando son propuestas por ellas mismas. Están en consonancia con la tendencia mundial a una mayor concienciación sobre los riesgos climáticos y demuestran la necesidad de integrarlos en los modelos y estrategias empresariales. Sin añadir carga de trabajo a las empresas en términos de informes, políticas, etc., apoyamos las propuestas relacionadas con el tema, en línea con nuestro apoyo a las recomendaciones del TCFD y a la iniciativa Climate Action 100+.

Por Ophélie Mortier, estratega de Inversión Sostenible y Responsable en DPAM


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