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Comprobado: La inversión responsable es rentable a largo plazo

La estadística demuestra que el mito de que hay que renunciar a la rentabilidad a cambio de invertir de manera responsable es falso. A medio plazo, los índices con un toque sostenible lo hacen mejor que los tradicionales y tiene varias explicaciones.

El último estudio sobre Inversión Responsable en Europa realizado por Eurosif, la asociación europea para promover este tipo de inversiones, revela que la principal razón por la que los inversores no invierten sus carteras siguiendo criterios de responsabilidad social es porque temen estar renunciando a conseguir más rentabilidad por dar ese toque social a la cartera. Sin embargo, esos inversores se equivocan a juzgar por los datos de rentabilidad que arrojan los principales índices sociales cuando se les compara con sus equivalentes menos sostenibles. Por ejemplo, según recoge Bloomberg, el MSCI ACWI Sustaninable Index, que invierte en compañías que reciban al menos el 50 por ciento de sus ingresos de productos y servicios concienciados con el medioambiente o criterios de sostenibilidad social, acumula en los últimos cinco años una rentabilidad anualizada del 18,5 por ciento, siete puntos más que su equivalente, el MSCI ACWI. Y no es la excepción, ya que en Europa, el Eurostoxx 40 Sustainability Index consigue en este mismo periodo ganancias anualizadas del 9,4% frente al 6,4% anual que se anota el Eursotoxx 50. Tres puntos de diferencia que también se repiten cuando se compara al Ibex 35 con su equivalente sostenible, el Ftse4Good Index (ver gráfico).

Todos estos datos demuestran que, al menos a largo plazo, la sostenibilidad de una inversión no solo no influye negativamente en la rentabilidad sino que, además, lo hace positivamente y tiene una explicación: «Aplicar criterios ambientales, sociales y de buen gobierno en un análisis aporta valor sin lugar a dudas, ya que las empresas que están haciendo mejor el seguimiento de estos criterios, al final tienen una mejor rentabilidad», apuntaba Sol Hurtado de Mendoza, directora general de BNP Paribas IP en España y Portugal en un Observatorio sobre ISR realizado por elEconomista. No en vano, contra lo que se pudiera pensar cuando un gestor introduce criterios de ISR en el análisis fundamental que realiza antes de incluir acciones o bonos en su cartera, lo que hace es contar con un criterio adicional que no sustituye el análisis puramente financiero que ya realiza de cada compañía, lo que les ha permitido quedarse al margen de escándalos como los protagonizados por BP, Exxon o, más recientemente, Volkswagen y, por tanto, no sufrir sus abruptas caídas en mercado. «ISR es ganar dinero y también generar impacto social. La palabra clave es sostenibilidad, ya que lo que se busca es invertir en empresas que consigan hacer buenos márgenes y que la manera en la que lo hacen sea sostenible en el tiempo», apunta Ignacio Perea, director de inversiones de Tressis Gestión. «Los inversores no deben olvidarse de la rentabilidad; de hecho, lo que se consigue con fondos que incluyan soluciones sostenibles es una mejor rentabilidad a largo plazo», confirma Charlie Thomas, responsable del equipo Environment & Sustainability de Jupiter AM.

Las distintas opciones para ser ‘responsable’

Destruido el primer mito sobre la ISR toca cuestionar otro: el que liga este tipo de inversiones con la inversión puramente medioambiental, lo que se conoce como fondos verdes o con la inversión solidaria, la que dedica parte de sus ganancias a obras sociales. «La inversión ISR incluye muchos criterios que cambian según el sector en el que se está invirtiendo», apunta Perea. De hecho, desde Spainsif, la asociación española que promueve este tipo de inversiones en España, establecen hasta siete estrategias ISR: exclusión -no incluye en la cartera a aquellas empresas cuya actividad es contraria a la política de inversión-, screening basado en normas de conductas -supone un paso más en los criterios de exclusión-, best in class -evaluar a las empresas de su universo de inversión según su desempeño ASG y elige la mejor-, inversiones temáticas -se caracterizan por invertir en organizaciones o proyectos de determinados sectores, relacionados por una temática específica como agua, energías verdes, cambio climático…-, inversión de impacto -persigue tanto la rentabilidad financiera como el impacto social o medioambiental positivo, medido activamente-, engagement y voto -permite a los accionistas ejercer el derecho de voto en las juntas de accionistas exigiendo que se cumplan criterios ASG- o el de la integración ISR -incluir un análisis extrafinanciero, dentro del análisis financiero que realiza el inversor-. De todas ellas, las que más han crecido en los últimos años en Europa son la inversión de impacto y las temáticas aunque la estrategia de criterios excluyentes sigue siendo la que más se aplica (ver gráfico).

La búsqueda por aunar rentabilidad y sostenibilidad es lo que explica que cada vez sean más los inversores que optan por incluir estos criterios en sus inversiones. Unos de los más activos dentro del segmento institucional, que sigue acaparando en Europa el 77,93 por ciento de todos los activos invertidos bajo estos criterios, son los planes de pensiones debido entre otras cosas a que priorizan el control de riesgo -y está demostrado que este tipo de estrategias consiguen reducir la volatilidad de la cartera- y a que invierten con un horizonte de inversión a muy largo plazo, por lo que no les importa tanto perderse las oportunidades a corto plazo que puedan perderse, que lo hacen, a cambio de una inversión más estable y sostenible en el tiempo. Sin embargo, las nuevas generaciones de inversores también están impulsando el interés de los particulares hacia estas carteras sociorentables. «El interés de los inversores en los factores ESG parece abocado a crecer, dada su prevalencia entre los millennials. Si bien la rentabilidad sigue siendo la cuestión más importante, los inversores están algo más sensibilizados con estos criterios y hasta un 85 por ciento se plantearía dejar de invertir en una compañía que no los cumpla», afirma Carla Bergareche, directora general de Schroders para España y Portugal.

Las opciones para añadir un toque social a la cartera son muchas. Una de ellas es analizar si la compañía de la que se adquieren acciones tiene alguna marca que acredite su sostenibilidad, como por ejemplo ver si esa compañía se incluye en alguno de los índices que incluyen compañías sostenibles. Uno de ellos es Morningstar Europe Sustanability, cuyo screening lo hace Sustainalitics y que tiene a compañías como Nestlé, Roche o Total como los tres valores con más ponderación y a españolas como BBVA, Iberdrola y Telefónica como las tres con mayor peso. Esta firma de análisis colabora además con Morningstar en los rating de sostenibilidad que Morningstar da a los fondos en forma de globos, y según sus criterios en España se comercializan 1.273 fondos que cumplen de alguna manera con criterios de ISR. Todos ellos se incluyen en la plataforma de fondos ISR que se encuentra en la web de Spainsif, donde además también incluye otra plataforma de fondos IRS con VDOS como proveedor de datos de fondos que cuenten con un rating de sostenibilidad según los criterios de MSCI y que superan los 8.000 productos. La mayoría son productos extranjeros que se venden en España, aunque en los últimos años han crecido también los nombres españoles hasta el punto de que hay 169.359 millones de euros en activos en fondos y planes que cumplen con criterios ISR, el 47% del total, con los últimos datos disponibles al cierre de 2015.

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