Foro de Inversión Sostenible de España

En qué invierte la Iglesia

Hay tres misterios que no conoce ni Dios: cuántas instituciones femeninas existen, en qué piensa un Jesuita y cuánto dinero tienen los Franciscanos, orden que se caracteriza por vivir en la pobreza”, ironiza un banquero privado, especializado en gestionar el patrimonio de instituciones religiosas.

La anécdota es elocuente. No hay cifras que determinen cuánto dinero posee la Iglesia, pero, sólo en España, se calcula que asciende a varios miles de millones de euros. Obispados y arzobispados de grandes ciudades, como Madrid y Barcelona, así como órdenes y congregaciones vinculadas a la enseñanza, suelen situarse entre las que acumulan un mayor volumen de patrimonio.

Y aunque no hay registros oficiales, el volumen que manejan los miembros de la Iglesia es suficiente para convertirlos en clientes VIP de los bancos. Tanto es así que las entidades financieras cuentan con equipos y áreas de negocio especializados en prestar servicio al clero. Suelen integrarse en las divisiones de banca privada -la misma que atiende las necesidades de los clientes ricos- o en la de instituciones, es decir, fondos, aseguradoras o comunidades autónomas.

Santander es el líder en la gestión del patrimonio eclesiástico y, con la compra de Popular, entidad tradicionalmente ligada a la Iglesia y al Opus Dei, ha consolidado su posición hegemónica. Entre sus clientes figuran el Arzobispado de Madrid o los Marianistas, por citar algunos.

No hay cifras oficiales sobre cuánto dinero tiene la Iglesia, pero el suficiente para ser cliente VIP de los bancos

Muestra de la apuesta del banco por este tipo de clientes es el fichaje en abril de Eduardo Pomares, director de la división de instituciones religiosas de Popular. El ejecutivo, conocido entre sus colegas como Monseñor, era quien trataba con los obispados y arzobispados españoles dentro del banco que, unas semanas más tarde, fue adquirido por Ana Botín.

Popular fue pionero al crear hace ya más de 30 años un área de gestión patrimonial con el foco puesto en cubrir las necesidades de las instituciones religiosas. En 2014 abrió en Roma una oficina para intensificar la relación con las Casas Generales con sus Provincias en España, dando la dimensión internacional al negocio. Hace unos meses abrió una nueva sucursal en la calle de Cedaceros de Madrid para atender exclusivamente a los organismos religiosos de la Comunidad de Madrid.

BBVA, CaixaBank y Sabadell, aunque tienen una cuota de mercado menor, también tienen entre sus clientes a hermandades, congregaciones, obispados, arzobispados y demás instituciones eclesiásticas.

Santander es el banco de referencia de la Iglesia: administra varios miles de millones de obispados, arzobispados y congregaciones

Junto a la banca, cada vez más firmas de asesoramiento independiente prestan servicio a instituciones religiosas para poner orden en un patrimonio que -denuncian- “durante mucho tiempo ha estado desatendido o gestionado de forma poco profesional y eficiente”. Las más especializadas cuentan con unidades específicas para este segmento de clientes, como es el caso de los grupos iCapital, Valía y Tressis.

“Hasta hace unos años, salvo excepciones, la mayor parte de las carteras de la Iglesia estaba en manos de los bancos. Muchas estaban llenas de depósitos, letras del Tesoro, fondos garantizados y los productos que en cada momento tuviese la entidad en campaña: convertibles, preferentes, estructurados y otros productos que han dado muchos disgustos a los inversores en los últimos años”, explica un asesor independiente.

Un ejemplo reciente fue la última ampliación del Banco Popular en la que laspérdidas tras la absorción por Santander eran para muchos de estos clientes de tal magnitud que Santander ha tenido que emitir bonos y ofrecerlos gratuitamente para compensar a éstos y otros inversores.

Las instituciones han invertido tradicionalmente en Sicav, pero en los últimos años han liquidado la mayor parte de estas sociedades

“El actual entorno de tipos de interés en mínimos obliga, para lograr rentabilidades interesantes, a hacer una gestión más profesional y muchas instituciones están optando por contratar a asesores externos para intermediar por ellas con los bancos e, incluso, están contratando a empleados laicos expertos en gestión patrimonial”, añade.

“La Iglesia también ha utilizado tradicionalmente las Sicav, las mismas sociedades de inversión utilizadas por los grandes patrimonios para canalizar su fortuna. Tener uno de estos vehículos requiere un patrimonio mínimo de 2,3 millones de euros. Sin embargo, en los últimos años, se han clausurado la mayor parte y, en general, las instituciones han preferido carteras de fondos y otros activos”, indica otro experto.

Los fondos éticos de la banca

Las gestoras que cuentan con fondos éticos y la banca como distribuidora saben que la Iglesia es un filón y se esfuerzan por diseñar productos ad hoc que satisfagan sus necesidades.

Sabadell, por ejemplo, gestiona un fondo de inversión, Sabadell Inversión Ética y Solidaria, aplicando criterios alineados con la doctrina social de la Iglesia. El Comité Ético es responsable de determinar el universo de compañías en las que se puede invertir el fondo, que actualmente cuenta con casi 110 millones de euros. Cede una parte de la comisión, del 0,35%, a causas solidarias.

Algunas entidades financieras gestionan productos que ceden parte de la comisión a fines solidarios

Santander, por su parte, comercializa Santander Responsabilidad Conservador. Dona a la Fundación Pablo VI y a Cáritas hasta el 21% de la comisión de gestión llevando a cabo sus proyectos sociales.

Otro de los productos que encaja con la filosofía de inversión de la Iglesia es Santander Solidario Dividendo Europa, que invierte en empresas comprometidas con los derechos humanos, laborales, sociales y con el medio ambiente. Además, destina un 21% de la comisión de gestión del fondo a ONGs inscritas al programa, entre las que figuran Acnur, Acción contra el Hambre, AECC, Domund, Cruz Roja y Save The Children, entre otras muchas.

Prudencia

Aunque las carteras de inversión de la Iglesia, como las de cualquier cliente institucional, son muy heterogéneas, tienen un común denominador: “el perfil de riesgo es bajo -aspiran a lograr una rentabilidad del 2%-3% anual- o equilibrado -en torno al 5%-6%-“, explica un ejecutivo conocedor de este segmento.

El manual de inversiones financieras que aprobó la Conferencia Episcopal en noviembre de 2016, dentro del plan de transparencia de la Iglesia, tiene como objetivo establecer criterios de inversión que puedan ser empleados por el conjunto de entidades eclesiásticas. Su contenido está basado en la normativa europea MIFID y en el código de conducta de la CNMV para entidades no lucrativas y la normativa canónica. Requiere evitar el uso de los recursos financieros con fines especulativos.

En 2016 la Iglesia aprobó un manual de inversiones financieras que rechaza el uso de recursos con fines especulativos

“El cliente español es, por lo general, muy prudente y estos colectivos aún lo son más. Tienen muy presente que son responsables de la administración de un patrimonio que no es suyo, sino que procede de sus obras de caridad, de las donaciones de sus feligreses, del cepillo y de las aportaciones tributarias”, explica el responsable de la gestión de varias instituciones religiosas.

Según los últimos datos disponibles, la Conferencia Episcopal recibió en 2015 algo más de 247 millones de euros, gracias a los nueve millones de contribuyentes que marcaron la X en la casilla a favor de la Iglesia católica de su declaración de la renta. El 80% de la asignación tributaria fue asignado directamente a las diócesis para su mantenimiento. En los últimos 10 años, la aportación anual por este concepto oscila entre 240 y 250 millones de euros.

Seguir leyendo