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Spainsif Talks con D. Javier Villegas, Director General de Franklin Templeton y miembro de OCOPEN

 

Entrevistamos a D. Javier Villegas, Director General de Franklin Templeton y miembro de OCOPEN

La inversión en infraestructuras ASG

  ¿Qué es la infraestructura social y como contribuye a la inversión sostenible? Cuando hablamos de infraestructura social nos referimos a aquellos inmuebles que contribuyen al bienestar de la sociedad: hospitales, universidades y centros educativos, juzgados, complejos deportivos, etc. Existen, fundamentalmente, dos formas de generar impacto a través de la infraes­tructura social: una social y una ambiental. En primer lugar, las mejoras sociales son aquellas que, en esencia, mejoran el bienestar de la comunidad. Una forma de hacerlo es mejorando la funcionalidad de los activos. Por ejemplo, una mejora funcional en un hospital podría ser la ampliación de un área destinada a la unidad de cuidados intensivos (UCI) para aumentar su capacidad en número de camas y, así, cumplir con las necesidades de la comunidad. En el caso de un complejo de viviendas sociales, podría ser una mejora en el acceso a los edificios, para facilitar su uso a personas mayores. En segundo lugar, y con respecto a las mejoras ambientales, podemos incluir ejemplos como la instalación de paneles solares para aumentar la eficacia de los sistemas de cale­facción o innovaciones relacionadas con la gestión de agua y de residuos. En definitiva, el objetivo de la infraestructura social es tener un impacto positivo en las comunidades, promoviendo el desarrollo de sociedades más inclusivas y sostenibles.

¿Franklin Templeton cuenta con un fondo en Infraestructura social, cual es el objetivo de este fondo? El objetivo del Franklin Templeton Social Infrastructure Fund es, por un lado, obtener una rentabilidad financiera a largo plazo y, por otro, tener un impacto positivo en la sociedad a través de la inversión en infraestructura social. La idea de lanzar este fondo surgió del trabajo en conjunto con nuestros principales socios institucionales. Identificamos una buena oportunidad, dado el déficit de inversión en infraestructura social que se había producido en Europa. Según un informe de la Comisión Europea este déficit había ascendido a 140.000 millones de euros anuales durante la última década.

¿En qué tipo de sectores y/o países invierte el fondo de Infraestructura social? El Franklin Templeton Social Infrastructure Fund, dentro de la infraestructura social europea, invierte fundamentalmente en cinco sectores: salud, educación, vivienda, centros cívicos, justicia y servicios de emergencia. Desde el punto de vista geográfico, es un fondo paneuropeo donde la parte central de la cartera estará invertida en la zona euro, y tendrá también exposición en Reino Unido, Escandinavia y otros países europeos.   ¿Qué tipo de rentabilidad o flujos de ingresos brinda la inversión en infraestructura social a sus inversores ¿Cómo se refleja? Los inversores institucionales encuentran atractiva la inversión en infraestructura social por varias razones. La primera porque, generalmente, ofrece rentabilidades predecibles y estables a largo plazo, que tienen una baja correlación con los activos tradicionales: renta fija y renta variable. La segunda porque tiene menor volatilidad que otros activos inmobiliarios, ya que su rentabilidad es más estable y está menos ligada al ciclo económico. Una tercera sería porque ayuda a la diversificación, dado que el tamaño de las inversiones suele ser más pequeño. Y finalmente, una cuarta, porque ofrecen la oportunidad de lograr un gran impacto social y ambiental. A modo de ejemplo, el fondo Franklin Social Infrastructure Fund tiene un objetivo financiero; batir en un 5% a la inflación core europea además de los objetivos de impacto.   ¿Cuál es la intencionalidad de impacto de este fondo? Nuestra estrategia está diseñada con la intención de lograr un impacto social y medioambiental. El impacto social se produce al invertir en infraestructuras que impulsan y protegen los servicios sociales que se ofrecen a las comunidades en hospitales, universidades, parques de bomberos, etc. Por otro lado, el impacto medioambiental tiene como objetivo reducir nuestras emisiones de CO2 a nivel de cartera en un 5% anual, un objetivo más ambicioso que el recomendado por el Foro Económico Mundial. Además de estos objetivos, el fondo ha desarrollado un modelo de cambio entorno a tres puntos: desafíos, contribuciones y resultados. En relación con los desafíos, nuestro enfoque comienza con la identificación los retos ambientales y comunitarios que buscamos abordar con cada inversión. Con respecto a las contribuciones, debemos identificar cual es la forma más eficiente de asignar nuestro esfuerzo y capital con el objetivo de maximizar el impacto. Si hablamos de resultados, nuestro propósito es identificar y abordar directamente los problemas comunitarios y ambientales para contribuir a la mejora de la comunidad en términos relacionados con la salud, la vivienda, la educación, etc. Para lograr estos objetivos con éxito la gestión del impacto debe estar totalmente integrada en el proceso de inversión.   ¿Cómo se gestiona, mide y comunica el impacto del fondo y qué tipo de información se transmite al inversor? Nuestro modelo de gestión de impacto está alineado con seis de los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas (Salud y Bienestar, Educación de calidad, Trabajo digno y Crecimiento económico, Comunidades y Ciudades Sostenibles, Acción climática y Vida en la Tierra) y con el International Finance Corporation (IFC).  Todos estos factores se recogen en una evaluación de impacto para cada uno de nuestros activos y se transmiten a los inversores, de manera regular, mediante nuestro informe anual de impacto.   ¿Cómo ha influido el COVID-19 en la inversión en infraestructura social? Una pandemia como ésta ha puesto de relieve nuestra capacidad para lidiar con crisis globales importantes, lo que deja al descubierto la existencia de debilidades sistémicas y de fallos estructurales. Uno de esos fallos está relacionado con la infraes­tructura social. El COVID-19 ha revelado la caren­cia que sufren un gran número de comunidades en el mundo respecto a las instalaciones necesarias – centros sanitarios o viviendas asequibles- para hacer frente, de forma efectiva a amenazas como la que hemos vivido durante este año. Es probable que esta escasez de infrastructuras haya contribuido a los elevados niveles de contagio y fallecimiento. Aunque la carencia de infraestructu­ras inmobiliarias necesarias ya existía antes de la lle­gada de la COVID-19, la pandemia no ha hecho sino enfatizar la necesidad de una mayor inversión. En el futuro, debemos hacer frente a esta importante carencia. Es posible que llegue una nueva crisis para golpearnos, ya sea en forma de pandemia, de emergencia climá­tica o, quizás, de otra circunstancia no prevista. Sea cual sea el reto al que debamos enfrentarnos, debe­mos mejorar los sistemas de infraestructura social.


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