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El cambio climático debe cambiar las carteras de los inversores

 

Los inversores ven el problema del cambio climático como una amenaza para las empresas intensivas en carbono o como una oportunidad para contribuir a un bien mayor, pero suelen ignorar su efecto sobre las carteras. Afortunadamente, es posible incorporar el cambio climático en las estrategias de inversión de muchas maneras.

Las advertencias de los científicos sobre el calentamiento constante del planeta han aumentado la conciencia sobre el cambio climático y el sector de la gestión de activos está prestando más atención. La razón de este creciente interés es simple: para frenar o incluso revertir el calentamiento global, el mundo debe empezar a adoptar un modelo económico bajo en carbono o incluso neutro en carbono. Y esto tendrá un precio para los consumidores, las empresas y los gobiernos por igual.

Los inversores pueden elegir si incluir estos costes en sus decisiones de inversión o invertir de una manera que apoye proactivamente las soluciones a este desafío global. Pero ignorar los efectos que el cambio climático puede tener en las carteras parece una opción a corto plazo.

Hay que tener en cuenta que ciertas clases de activos o sectores podrían verse forzados a dejar de operar, directa o indirectamente, como resultado de las nuevas políticas y regulaciones destinadas a frenar el calentamiento global. Esta es la razón por la que algunos inversores descartan los combustibles fósiles de sus modelos de inversión, ya que se consideran activos “varados» o “bloqueados”, aquellos que podrían volverse prematuramente obsoletos y que deben cancelarse o venderse.

Pensar más allá de las etiquetas “buenas” y “malas”

Al mismo tiempo, algunos inversores están utilizando la cuestión del cambio climático para hacer una contribución positiva a la transición hacia una economía baja en carbono. Por ejemplo, pueden invertir en compañías que ya tienen bajas emisiones de carbono en comparación con otras del sector, o invertir en empresas con planes ambiciosos para reducir sus emisiones de CO2 en línea con los objetivos internacionales.

Otras compañías intensivas en carbono ofrecen productos y servicios que facilitan la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Una cartera que invierte en estas empresas podría, a simple vista, parecerse a una que depende en gran medida de las industrias intensivas en carbono, pero en realidad podría ayudar a reducir las emisiones de carbono en general. Esto pone de relieve por qué es importante no pensar en invertir en el cambio climático en términos de «bueno» o «malo», sino en cómo lograr un cambio real a través de la reestructuración de los sectores, los modelos de negocio o los procesos de fabricación.


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