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Invertir en la sociedad, un deber rentable

Invertir en la sociedad, un deber rentable

 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU son una buena guía para la inversión socialmente responsable

La inversión socialmente responsable (ISR) está íntimamente relacionada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas. La iniciativa tiene metas específicas que deben alcanzarse antes de 2030, y fue adoptada por más de 150 líderes mundiales el 23 de septiembre de 2015 como parte de la Agenda 2030 de desarrollo sostenible.

En su consecución están implicados los Estados, obviamente, pero también las empresas, muchas de las cuales tienen un tamaño e influencia mayor que muchos países. También hay instituciones sin ánimo de lucro que ayudan a promover la ISR, como Fundación MAPFRE

Y por supuesto, tienen un papel clave los fondos de inversión y los inversores en general, que con sus apuestas pueden dirigir hacia dónde va el crecimiento económico. La ISR por parte de los fondos y los ODS tienen puntos importantes en común. Uno muy importante es el deber fiduciario de los gestores de fondos, es decir, su obligación de actuar en interés del otro, que pueden ser los inversores o la sociedad en general, y que es motivo para que las empresas actúen en pos de los Objetivos.

Javier Garayoa, director general de Spainsif, asociación sin ánimo de lucro que promueve la inversión sostenible y responsable, destaca que para los fondos asociar la inversión a objetivos demostradamente menos arriesgados a largo plazo, como son los ODS –pues hay un compromiso de los Estados para conseguirlos– genera rentabilidad. Así, sirven de guía para la selección de activos, indicando cuáles hay que evitar y cuáles comprar.

Fondos soberanos

Los Estados pueden ser parte directa de la ISR mediante los fondos soberanos, es decir, los gestionados por ellos mismos. UN Environment, agencia de la ONU, está intentando promover la inversión en ODS relativos al medio ambiente por parte de los fondos soberanos, pero señala varios obstáculos: la aparente divergencia entre rentabilidad y este tipo de inversiones; la falta de presión social, sobre todo en mercados emergentes; o los costes de calcular la huella de carbono de las carteras.


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